¿Quién ocasionó el diluvio?
Dios quiere lo mejor para sus hijos. Ese siempre ha sido Su propósito.
Pero hay una verdad que a veces preferimos olvidar: la vida funciona con principios. La Biblia lo expresa con claridad cuando dice que todo lo que el hombre siembra, eso también cosechará.
No es falta de amor de Dios, es el respeto de Dios por las reglas que Él mismo estableció para nuestro bien.Cuando sembramos decisiones equivocadas, relaciones dañinas o hábitos destructivos, la cosecha no tarda en llegar.
La Ley refleja el carácter de Cristo.
Hablar de la Ley de Dios no es hablar de reglas frías ni de normas impuestas desde el cielo. La Ley es, en realidad, un reflejo vivo del carácter de Cristo: justa, misericordiosa, limpia y llena de amor. Cada mandamiento revela quién es Él y cómo nos invita a vivir para parecernos más a su corazón. Cuando entendemos esto, la Ley deja de verse como una carga y se convierte en una guía que nos conduce hacia una vida más plena y más semejante a Jesús.
La ley y la Salvación
Cuando hablamos de la Ley y la Salvación, no hablamos de dos caminos distintos, sino de dos verdades que se complementan. La Ley revela el estándar de Dios y nos muestra nuestra condición; es como un espejo que deja ver lo que realmente necesitamos. Pero ese espejo no puede limpiarnos: solo nos señala que necesitamos un Salvador.
