
Ve el video introductorio sobre la Ley

Recursos visuales – Tema 1 y 2
*Hermanos, no debemos poner nuestra confianza en el hombre. “Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?” Isaías 2:22. Debéis hacer depender vuestra alma desvalida de Jesús. No es propio que bebamos de la fuente del valle, cuando hay una fuente en la montaña. Dejemos las corrientes más bajas. Vayamos a las corrientes más elevadas. Si hay un punto de verdad que no comprendéis, en el cual no estáis de acuerdo, investigad, comparad texto con texto, introducid profundamente el barreno de la verdad en la mina de la Palabra de Dios. Debéis colocaros a vosotros mismos y vuestras opiniones en el altar de Dios, poner a un lado vuestras ideas preconcebidas y dejar que el Espíritu del cielo os guíe a toda verdad. 1MS 482.3.
*En los tiempos de Wesley, como en todas las épocas de la historia de la iglesia, hubo hombres dotados de diferentes dones que hicieron cada uno la obra que les fuera señalada. No estuvieron de acuerdo en todos los puntos de doctrina, pero todos fueron guiados por el Espíritu de Dios y unidos en el absorbente propósito de ganar almas para Cristo. Las diferencias que mediaron entre Whitefield y los Wesley estuvieron en cierta ocasión a punto de separarlos; pero habiendo aprendido a ser mansos en la escuela de Cristo, la tolerancia y el amor fraternal los reconciliaron. No tenían tiempo para disputarse cuando en derredor suyo abundaban el mal y la iniquidad y los pecadores iban hacia la ruina. CS, 300.
*No importa por medio de quién nos llegue la luz, debiéramos abrir las puertas de nuestros corazones para recibirla con la mansedumbre de Cristo (Review and Herald, del 25 de marzo de 1890). Cada día con Dios, pág. 94.
“Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla.” Is. 42.21
La ley de Dios existía antes de que el hombre fuera creado. Fue adaptada a las condiciones de seres santos: aun los ángeles eran gobernados por ella. 1MS.258.1
*Después de la transgresión de Adán, los principios de la ley no fueron cambiados, sino que fueron definidamente ordenados y expresados para responder a las necesidades del hombre en su condición caída. La maravillosa gracia, 131; 1MS.270.
La Ley de los Diez Mandamientos no debe ser considerada tanto desde el punto de vista de las prohibiciones como de la misericordia. Sus prohibiciones son la segura garantía de felicidad en la obediencia. CBA. 7A: 332.
*El Sábado fue incorporado en la ley dada desde el Sinaí; pero no fue entonces cuando se dio a conocer por primera vez como día de reposo. El pueblo de Israel había tenido conocimiento de él antes de llegar al Sinaí. Mientras iba peregrinando hasta allí, guardó el sábado. Cuando algunos lo profanaron, el Señor los reprendió diciendo: «¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?» DTG, 249.
La ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. CC. 61.La ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. CC. 61.
Los principios de bondad, misericordia y amor enseñados y puestos en práctica por nuestro Salvador son fiel trasunto de la voluntad y del carácter de Dios. Cristo declaró que no enseñaba nada que no hubiese recibido de su Padre. CS.531.La ley de Dios es tan santa como él mismo. Es la revelación de su voluntad, el reflejo de su carácter, y la expresión de su amor y sabiduría. La armonía de la creación depende del perfecto acuerdo de todos los seres y las cosas, animadas e inanimadas, con la ley del Creador. Dios no solo ha establecido leyes para el gobierno de los seres vivientes, sino también para todas las operaciones de la naturaleza. Todo obedece a leyes fijas, que no pueden eludirse. Pero mientras que en la naturaleza todo está gobernado por leyes naturales, solamente el hombre, entre todos los moradores de la tierra, está sujeto a la ley moral. Al hombre, obra maestra de la creación, Dios le dio la facultad de comprender sus requerimientos, para que reconociera la justicia y la benevolencia de su ley y su sagrado derecho sobre él; y del hombre se exige una respuesta obediente. PP. 33.Pero nótese aquí que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la Tierra. Si nuestro corazón es regenerado a la semejanza de Dios, si el amor divino es implantado en el alma, ¿no se manifestará la ley de Dios en la vida? Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado conforme a la imagen de quien lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: “Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré”. Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia el servicio y la lealtad de amores la verdadera señal del discipulado… CC 59.3
LA LEY DE DIOS REVELA. La ley revela los atributos del carácter de Dios… DTG. 711

*En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se rebeló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. DMJ. 94.1
¿Para Quiénes?
*Conociendo esto: que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina. 1Ti.1.9
Fueron definidamente ordenados y expresados para responder a las necesidades del hombre en su condición caída. La maravillosa gracia, 131.
Descripción de este bloque. Utiliza este espacio para describir tu bloque. Cualquier texto es válido. Descripción de este bloque. Puedes utilizar este espacio para describir tu bloquEl hombre había de llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior, como en el carácter. Aunque únicamente Cristo es “la misma imagen” del Padre (Hebreos 1:3); el hombre fue creado a semejanza de Dios. Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de mantenerse en perfecta obediencia a la voluntad del Padre. PP 24.4; PP.45.2. (25).
Dios puso al hombre bajo una ley, como condición indispensable para su propia existencia. Era súbdito del gobierno divino, y no puede existir gobierno sin ley. Dios pudo haber creado al hombre incapaz de violar su ley; pudo haber detenido la mano de Adán para que no tocara el fruto prohibido, pero en ese caso el hombre hubiera sido, no un ente moral libre, sino un mero autómata. Sin libre albedrío… La obediencia, perfecta y perpetua, era la condición para la felicidad eterna. Cumpliendo esta condición, tendría acceso al árbol de la vida. PP 28.3; PP.49.2; PP. 28.2. (2) Mientras permanecieran fieles a la ley divina, su capacidad de saber, gozar y amar aumentaría continuamente. PP. 32.
Adán y Eva, cuando fueron creados, tenían un conocimiento de la ley de Dios. Estaba impresa en el corazón de ellos, y comprendían sus requerimientos. La ley de Dios existía antes de que el hombre fuera creado. Estaba adaptada a las condiciones de los seres santos; hasta los ángeles estaban gobernados por ella. Después de la caída, los principios de justicia no fueron cambiados. Nada fue quitado de la ley; no se mejoró ninguno de sus santos preceptos. Y así como ha existido desde el principio, continuará existiendo a través de las edades sin fin de la eternidad. “Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos—dice el salmista—, que para siempre los fundaste”. The Signs of the Times, 14 de marzo de 1878. HHD. 1 DE FEBRERO
Pero si desobedecían los mandamientos de Dios, entonces Satanás tendría poder para molestarlos, confundirlos y causarles problemas. Si permanecían firmes frente a las primeras insinuaciones de Satanás, estarían tan seguros como los ángeles celestiales. Pero si cedían ante el tentador, el que no había protegido a los ángeles excelsos tampoco los protegería. Tendrían que sufrir el castigo correspondiente a su transgresión, porque la ley de Dios es tan sagrada como él mismo, y él exige obediencia perfecta de todos en el cielo y en la tierra. HR 31.1; SR.30.2
Descripción de Ec 7:29: «Sólo he hallado esto: Que Dios hizo al hombre recto, pero él se complicó con muchos artificios.» 1Jn 3:4: «Todo el que comete pecado, quebranta la Ley, pues el pecado es la transgresión de la Ley.» Ro 5:12: «Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron.» Ro 5:19: «Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.»este bloque. Utiliza este espacio para describir tu bloque. Cualquier texto es válido. Descripción de este bloque. Puedes utilizar este espacio para describir tu bloque.
Antes que Adán cayese le era posible desarrollar un carácter justo por la obediencia a la ley de Dios. Mas no lo hizo, y por causa de su caída tenemos una naturaleza pecaminosa y no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. CC. 62
Muchos que enseñan que la ley de Dios no es obligatoria para el hombre, alegan que es imposible obedecer sus preceptos. Pero si eso fuera cierto, ¿por qué sufrió Adán el castigo por su pecado? El pecado de nuestros primeros padres trajo sobre el mundo la culpa y la angustia, y si no se hubieran manifestado la misericordia y la bondad de Dios, la raza humana se habría sumido en irremediable desesperación. PP. 41
En el Lugar Santísimo, en el Santuario celestial, la ley divina se encuentra sagradamente guardada; es la ley que fue promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo sobre las tablas de piedra. CES 108.1 La ley de Dios en el Santuario celestial es el gran original, del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y registrados por Moisés en el Pentateuco eran una copia exacta. Cristo en su Santuario, 109.
Si la ley de Dios nunca hubiera sido traspasada nunca habría habido muerte, ni habría habido necesidad de preceptos adicionales para adaptarlos a la condición caída del hombre… HR. 150.
DESPUES DEL PECADO. Satanás se regocijó por su éxito. Había tentado a la mujer para que desconfiara de Dios, dudara de su sabiduría y tratara de entrometerse en sus omniscientes planes. Y por su intermedio había causado también la caída de Adán quien, como consecuencia de su amor por Eva, desobedeció el mandamiento de Dios y cayó juntamente con ella. Las noticias de la caída del hombre se difundieron por el cielo. HR 40.1; SR.38.3. (41)
Después de la caída, los principios de justicia no fueron cambiados. Nada fue quitado de la ley; no se mejoró ninguno de sus santos preceptos. Y así como ha existido desde el principio, continuará existiendo a través de las edades sin fin de la eternidad. “Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos—dice el salmista—, que para siempre los fundaste”. The Signs of the Times, 14 de marzo de 1878. HHD. 1 DE FEBRERO
CONDICIÓN PARA LA VIDA ETERNA. Génesis 2.16, 17. “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: «De todo árbol del huerto podrás comer;pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás»
Al hablar de la ley, dijo Jesús: “No he venido para abrogar, sino para cumplir”. Aquí usó la palabra “cumplir” en el mismo sentido que cuando declaró a Juan el Bautista su propósito de “cumplir toda justicia”, es decir, llenar la medida de lo requerido por la ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de Dios. { DMJ 46.2; MB.48.3
Era imposible que el pecador guardara la ley de Dios, Que era santa, justa y buena pero esta imposibilidad fue anulada por la imputación de la justicia de Cristo al alma arrepentida y creyente. Fe y Obras Página 121. La ley de Dios es tan santa como él, tan perfecta como él. Presenta a los hombres la justicia de Dios. Es imposible que los seres humanos, por sus propias fuerzas, observen esta ley;… DMJ. 51.
Era imposible que el pecador guardara la ley de Dios, Que era santa, justa y buena pero esta imposibilidad fue anulada por la imputación de la justicia de Cristo al alma arrepentida y creyente. Fe y Obras Página 121. La ley de Dios es tan santa como él, tan perfecta como él. Presenta a los hombres la justicia de Dios. Es imposible que los seres humanos, por sus propias fuerzas, observen esta ley;… DMJ. 51.
La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo. Se le abriría la puerta al pecado con toda su secuela de dolor y miseria para siempre. CC. 63. La ley requiere justicia, una vida justa, un carácter perfecto; y esto no lo tenía el hombre para darlo. No puede satisfacer los requerimientos de la santa ley de Dios. DTG. 711.
La ley de Dios, tal como se presenta en las Escrituras, es amplia en sus requerimientos. Cada principio es santo, justo y bueno… Alcanza hasta los pensamientos y sentimientos, y producirá una convicción de pecado en quien esté persuadido de haber transgredido sus requerimientos. Si la ley abarcara solo la conducta externa, los hombres no serían culpables de sus pensamientos, deseos y designios erróneos. Pero ella requiere que el alma misma sea pura y la mente santa, que los pensamientos y sentimientos estén de acuerdo con la norma de amor y justicia. —Mensajes Selectos 1:248 (1898). 2MCP. 207.2
Cristo no disminuye las exigencias de la ley. En un lenguaje inconfundible, presenta la obediencia a ella como la condición de la vida eterna: la misma condición que se requería de Adán antes de su caída… El requisito que se ha de llenar bajo el pacto de la gracia es tan amplio como el que se exigía en el Edén: la armonía con la ley de Dios, que es santa, justa y buena. DNC 231.6. Nuestros primeros padres… debían gozar de la comunión de Dios y de los santos ángeles; pero… era menester que su lealtad se pusiese a prueba… La obediencia, perfecta y perpetua, era la condición para la felicidad eterna. Cumpliendo esta condición, [el hombre] tendría acceso al árbol de la vida. Ibíd. 29-31. RJ 127.7
La ley de Dios es tan santa como él, tan perfecta como él. Presenta a los hombres la justicia de Dios. Es imposible que los seres humanos, por sus propias fuerzas, observen esta ley; porque la naturaleza del hombre es depravada, deforme y enteramente distinta del carácter de Dios. Las obras del corazón egoísta son “como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia”. DMJ 50.2; MB.54.1
LA LEY Y CONDICIÓN DEL HOMBRE. Ro 8:7: «Porque la inclinación de la carne es contraria a Dios, y no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede.»
Mediante su transgresión habían abierto la puerta para que Satanás tuviera fácil acceso a ellos, y ya no era seguro que permanecieran en el Jardín del Edén, no fuera que en su condición pecaminosa tuvieran acceso al árbol de la vida y perpetuaran así una vida de pecado. Suplicaron que se les permitiera quedar, aunque reconocían que habían perdido todo derecho al bendito Edén. Prometieron que en lo futuro obedecerían a Dios perfectamente. Se les informó que al caer de la inocencia a la culpa no se habían fortalecido, sino por el contrario se habían debilitado enormemente. No habían preservado su integridad cuando gozaban de un estado de santa y feliz inocencia, mucho menos tendrían fortaleza para permanecer leales y fieles en un estado de culpa consciente. Se llenaron de profunda angustia y remordimiento. Comprendieron entonces que el castigo del pecado es la muerte. HR 42.1; SR.40.3
Después de su pecado, Adán y Eva no pudieron seguir morando en el Edén. Suplicaron fervientemente a Dios que les permitiera permanecer en el hogar de su inocencia y regocijo. Confesaron que habían perdido todo derecho a aquella feliz morada, y prometieron prestar estricta obediencia a Dios en el futuro. Pero se les dijo que su naturaleza se había depravado por el pecado, que había disminuido su poder para resistir al mal, y que habían abierto la puerta para que Satanás tuviera más fácil acceso a ellos. Si siendo inocentes habían cedido a la tentación; ahora, en su estado de consciente culpabilidad, tendrían menos fuerza para mantener su integridad. PP 41.4; PP.61.4
Antes que Adán cayese le era posible desarrollar un carácter justo por la obediencia a la ley de Dios. Mas no lo hizo, y por causa de su caída tenemos una naturaleza pecaminosa y no podemos hacernos justos a nosotros mismos. Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. CC 62.2; SC.62.2. Y no podía cambiarse una jota o una tilde de ella para ponerla al nivel del hombre en su condición caída. DTG. 711
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POR SU VIDA. Mt 5:17: «No penséis que vine a invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir.»; Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su vida fué impecable. CC. 62.2; SC. 62.2
POR SU MUERTE. Jn 19:30: «Cuando, pues, Jesús hubo recibido el vinagre, dijo: ¡Cumplido está! e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.» Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Si os entregáis a El y le aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis contados entre los justos, por consideración hacia El. El carácter de Cristo reemplaza el vuestro, y sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado. CC 62.2; SC.62.2
Pero no ha sido dejado en una condición de sufrimiento sin esperanza en que lo haya sumido el pecado, pues Aquel que era igual a Dios ofreció su vida en el Calvario a fin de salvar al transgresor de la ruina. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. 1MS 377.2
Toda alma puede decir: “Mediante su perfecta obediencia, Cristo ha satisfecho las demandas de la ley y mi única esperanza radica en acudir a él como mi sustituto y garantía, el que obedeció la ley perfectamente por mí. Por fe en sus méritos, estoy libre de la condenación de la ley. Me reviste con su justicia, que responde a todas las demandas de la ley. 1M.S. 463.3
LA LEY Y LOS HOMBRES PECAMINOSOS. Dado que la ley del Señor es perfecta y, por lo tanto, inmutable, es imposible que los hombres pecaminosos satisfagan por sí mismos la medida de lo que requiere. Por eso vino Jesús como nuestro Redentor. Era su misión, al hacer a los hombres participes de la naturaleza divina, ponerlos en armonía con los principios de la ley del cielo. DMJ 47.1; MB.50.1. (48)
La ley de Dios es tan santa como él, tan perfecta como él. Presenta a los hombres la justicia de Dios. Es imposible que los seres humanos, por sus propias fuerzas, observen esta ley; porque la naturaleza del hombre es depravada, deforme y enteramente distinta del carácter de Dios. Las obras del corazón egoísta son “como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia”. DMJ 50.2; MB.54.1. (51)
Pero el corazón natural odia la ley de Dios y lucha contra sus santas demandas. Los hombres cierran su alma a la luz divina, rehusando caminar en ella cuando brilla sobre ellos. Sacrifican la pureza del corazón, el favor de Dios y su esperanza del cielo a cambio de la complacencia egoísta o las ganancias mundanales. 1MS 254.1; 1SM.216.3
CONDENADOS POR LA LEY. Aunque como pecadores estamos bajo la condenación de la ley, sin embargo, Cristo, mediante la obediencia que prestó a la ley, demanda para el alma arrepentida los méritos de su propia justicia. Con el fin de obtener la justicia de Cristo, es necesario que el pecador sepa lo que es ese arrepentimiento que efectúa un cambio radical en la mente, en el espíritu y en la acción. La obra de la transformación debe comenzar en el corazón y manifestar su poder mediante cada facultad del ser. Sin embargo, los seres humanos no son capaces de originar un arrepentimiento tal como éste, y sólo pueden experimentarlo mediante Cristo, que ascendió a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a la humanidad. 30 DE DICIEMBRE. SSJ 371.2; BLJ.382.2
El amor a Dios nunca debe inducirnos a empequeñecer el pecado; nunca debe encubrir ni excusar un mal inconfesado. Acán aprendió demasiado tarde que la ley de Dios, lo mismo que su Autor, es inmutable. Tiene que ver con todos nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Nos sigue, y alcanza cada impulso secreto. Al abandonarse al pecado, los hombres llegan a considerar livianamente la ley de Dios. Muchos ocultan las transgresiones de sus semejantes, y se consuelan diciéndose que Dios no será estricto para señalar la iniquidad. Pero su ley es la gran norma de la rectitud, y con ella será comparado todo acto de la vida en ese día cuando Dios traerá toda obra a juicio, y todo acto secreto, sea bueno o malo. La pureza de corazón, producirá pureza de vida. Todas las excusas en favor del pecado son vanas. ¿Quién podrá defender al pecador si Dios da testimonio contra él?—The Signs of the Times, 21 de abril de 1881. HHD. 216.3
En el Sermón del Monte Cristo expuso ante sus discípulos el gran alcance de los principios de la ley de Dios. Enseñó a sus oyentes que, a nivel de la mente, se infringe la ley antes que se realice el deseo pecaminoso. Estamos obligados a mantener los pensamientos bajo control para ponerlos en sujeción a la ley de Dios.—The Review and Herald, 12 de junio de 1888. RP 54.4
La obra de la conversión y la santificación consiste en reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos en armonía con los principios de su Ley. En el principio, el hombre estaba en perfecta armonía con la Ley de Dios. Pero el pecado lo apartó de su Hacedor. Su corazón ahora estaba en guerra contra la Ley de Dios. “Los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7). Pero “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”, para que el hombre pueda ser reconciliado con Dios, restaurado a la armonía con su Hacedor. Este cambio es el nuevo nacimiento, sin el cual nadie “puede ver el reino de Dios” (S. Juan 3:16, 3). GE 48.2
INALTERABLE. Cuando se adopta y se enseña la teoría de que la ley de Jehová ya no es obligatoria para la familia humana, el hombre se vuelve ciego respecto a su terrible ruina. No la puede discernir. Si así fuera, Dios no tendría una norma moral para medir el carácter ni para gobernar el universo celestial, los mundos no caídos ni este mundo caído. Si Dios pudiera haber abolido la ley con el fin de solucionar el problema del hombre en su condición caída, y a pesar de eso haber mantenido su honor como gobernante del universo, Cristo no habría necesitado morir. Pero la muerte de Cristo constituye el argumento convincente y eterno acerca de que la ley de Dios es tan inalterable como su trono. The Review and Herald, 8 de febrero de 1898. EJ 147.5
EXIGÍA LA VIDA DEL PECADOR, La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. PP. 44.
La ley de Jehová es el árbol. El evangelio está constituido por las fragantes flores y los frutos que lleva. Mensajes Selectos. 1:248, 249 (1898). 2MCP 213.2; 2MCP.571.2
“La ley de Dios, tal como se presenta en las Escrituras, es amplia en sus requerimientos. Cada principio es santo, justo y bueno. La ley impone a los hombres obligaciones frente a Dios. Alcanza hasta los pensamientos y sentimientos, y producirá una convicción de pecado en todo el que esté persuadido de haber transgredido sus requerimientos. Si la ley abarcara sólo la conducta externa, los hombres no serían culpables de sus pensamientos, deseos y designios erróneos. MS1. 248-249.
La desviación más mínima de la ley, por negligencia o transgresión voluntaria, es pecado, y cada pecado expone al pecador a la ira de Dios. Ser Semejante a Jesús 24 de Febrero. La guerra contra la ley de Dios, que empezó en el cielo, continuará hasta el fin del tiempo. Cada hombre será probado. El mundo entero ha de decidir si quiere obedecer o desobedecer. Todos serán llamados a elegir entre la ley de Dios y las leyes de los hombres. En esto se trazará la línea divisoria. Habrá solamente dos clases. Todo carácter quedará plenamente definido; y todos demostrarán si han elegido el lado de la lealtad o el de la rebelión. Entonces vendrá el fin. Dios vindicará su ley y librará a su pueblo. DTG 713.
INSTRUMENTO DE JUICIO. Todo el mundo será juzgado por esa ley. Toca aun las intenciones y los propósitos del corazón, y exige pureza en los pensamientos más secretos, en los deseos y las aspiraciones. Demanda que amemos a Dios supremamente, y a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Sin el ejercicio de este amor, la más elevada profesión de fe es hipocresía. Dios requiere, de cada alma de la familia humana, obediencia perfecta a su ley. “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. Santiago 2:10. SSJ 61.3; BLJ.63.3
La ley de Dios toma en cuenta los celos, la envidia, el odio, la malignidad, la venganza, la concupiscencia y la ambición que agitan el alma, pero que no han hallado expresión en acciones externas porque ha faltado la oportunidad aunque no la voluntad. Y se demandará cuenta de esas emociones pecaminosas en el día cuando “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”. Eclesiastés 12:14. 1MS 254.2; 1SM.217.1. (255)
“El mundo entero será juzgado por la ley moral, de acuerdo con la oportunidad que cada uno haya tenido de conocerla, ya sea por la razón, la tradición o la palabra escrita.” The Signs of the Times, 9 de junio de 1881. FV 85.4; FLB.83.4
La ley de Dios es tan sagrada como su trono, y mediante ella será juzgado todo hombre que nace en el mundo. No existe otra norma para probar el carácter. “Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Ahora bien, ¿se decidirá el caso de acuerdo con la Palabra de Dios, o se dará crédito a las pretensiones humanas? Cristo dice: “Por sus frutos los conoceréis”. 21. RM 57.2; NL.58.2
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1. JUSTICIA EXTERNA: Los judíos guardaban la justicia externa, pero no la interna. Ej: el joven rico.
2. JUSTICIA INTERNA: No alabar a Dios. Sal 51.14,15; 1 Co 10.31. No glorificar a Dios en nuestras obras, jactarse de las obras es violar la justicia interna. Ej: “¿no ardía nuestro corazón cuando nos abría las escrituras?”
3. JUSTICIA ACTIVA: No promover la obra de Dios. Jesús: hacer la voluntad de mi padre. Promover la grandeza de Dios. Sal 40.7,8.
4. JUSTICIA PASIVA: Resignarse ante una agresión, Ej: Job se resignó. El samaritano Jn 1.29; 1 Pe 2.19-21
5. JUSTICIA POSITIVA: La intensidad y variedad en ejecutar la voluntad de Dios. Mt 20.6.
6. JUSTICIA NEGATIVA: Poder hacer lo mejor para uno, pero negarse. Fil.2.3, 4.
MAS QUE LA REDACCIÓN O LA LETRA. Pero Israel no había percibido la espiritualidad de la ley, y demasiadas veces su obediencia profesa era tan sólo una sumisión a ritos y ceremonias, más bien que una entrega del corazón a la soberanía del amor. Cuando en su carácter y obra Jesús representó ante los hombres los atributos santos, benévolos y paternales de Dios y les hizo ver cuán inútil era la mera obediencia minuciosa a las ceremonias, los dirigentes judíos no recibieron ni comprendieron sus palabras. Creyeron que no recalcaba lo suficiente los requerimientos de la ley; y cuando les presentó las mismas verdades que eran la esencia del servicio que Dios les asignara, ellos, que miraban solamente lo exterior, lo acusaron de querer derrocar la ley. Reflejemos a Jesús, 22 de febrero.
TRANSGRESIÓN EN PENSAMIENTO. En el sermón de la montaña Jesús les presentó a sus discípulos los abarcantes principios de la ley de Dios. Les enseñó a sus oyentes que la ley se transgredía en pensamiento antes que el mal deseo se convirtiera en un acto. Tenemos la obligación de controlar nuestros pensamientos y ponerlos en sujeción a la ley de Dios. Las nobles facultades de la mente nos han sido dadas por Dios para que las empleemos en la contemplación de las cosas celestiales. El Señor ha provisto en abundancia para que el alma progrese continuamente en la vida divina. Nos ha puesto instrumentos en cada mano para ayudarnos en nuestro desarrollo en el conocimiento de la virtud. The Review and Herald, 12 de junio de 1888. 2MCP 299.6; 2MCP.658.1
JUSTICIA EXTERNA. Pablo dice que “en cuanto a la justicia que se basa en la Ley” -es decir, en lo que se refiere a las obras externas era “irreprochable”; pero cuando discernió el carácter espiritual de la ley se vio a sí mismo un pecador. Juzgado por la letra de la ley, así como los hombres la aplican a la vida externa, se había abstenido de pecado; pero cuando miró en las profundidades de sus santos preceptos y se vio como Dios lo veía, se humilló profundamente y confesó su pecado. Dice: “Yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”. Cuando vio la naturaleza espiritual de la ley, el pecado apareció en su verdadera fealdad y su vanidad se desvaneció. CC 28.1
CONDENA, ODIO, MALICIA Y VENGANZA. Mediante Moisés, Jehová había dicho: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón… No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo”.22 Las verdades que Cristo presentaba eran las mismas que habían enseñado los profetas, pero se habían oscurecido a causa de la dureza de los corazones y del amor al pecado. DMJ 51.2; MB.55.2. Las palabras del Salvador revelaban a sus oyentes que, al condenar a otros como transgresores, ellos eran igualmente culpables, porque abrigaban malicia y odio. DMJ 51.3; MB.55.3
PALABRA DESPECTIVA. Mt 12:36-37: «»Os digo que en el día del juicio, los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen.* «Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado». «Todos fueron creados a su imagen, y debemos tratar aun a los más degradados con respeto y ternura. Dios nos hará responsables hasta de una sola palabra despectiva hacia un alma por la cual Cristo dio su vida. DMJ 51.6; MB.56.3
DECIR FATUO o APÓSTATA. “Cualquiera que le diga [a su hermano]: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”. En el Antiguo Testamento la palabra fatuo se usa para describir a un apóstata o al que se entregó a la iniquidad. Dice Jesús que quienquiera que condene a su hermano como apóstata, o como despreciador de Dios, muestra que él mismo merece semejante condenación. DMJ 52.2; MB.57.2
DECIR JUICIOS o CONDENAS. Lc 6:37: «No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados.» El mismo Cristo, cuando contendía con Satanás sobre el cuerpo de Moisés, “no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él”. Si lo hubiera hecho, le habría dado una ventaja a Satanás, porque las acusaciones son armas del diablo. En las Sagradas Escrituras se lo llama “el acusador de nuestros hermanos”. Jesús no empleó ninguno de los métodos de Satanás. Le respondió con las palabras: “El Señor te reprenda”.25 DMJ 52.3; MB.57.3
Su ejemplo es para nosotros. Cuando nos vemos en conflicto con los enemigos de Cristo, no debemos hablar con espíritu de desquite, ni deben nuestras palabras asemejarse a una acusación burlona. El que vive como vocero de Dios no debe decir palabras que aun la Majestad de los cielos se negó a usar cuando contendía con Satanás. Debemos dejar a Dios la obra de juzgar y condenar. DMJ 52.4; MB.57.4
SIN RENCORES Y RESENTIMIENTOS. 1Jn 3:15: «Todo el que aborrece a su hermano es homicida. Y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.» Dice Jesús: “Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Las ofrendas de sacrificio expresaban que el dador creía que por Cristo había llegado a participar de la gracia del amor de Dios. Pero el que expresara fe en el amor perdonador de Dios y al mismo tiempo cultivase un espíritu de animosidad, estaría tan sólo representando una farsa. DMJ 53.2; MB.58.2
Cuando alguien que profesa servir a Dios perjudica a un hermano suyo, calumnia el carácter de Dios ante ese hermano, y para reconciliarse con Dios debe confesar el daño causado y reconocer su pecado. Puede ser que nuestro hermano nos haya causado un perjuicio aún más grave que el que nosotros le produjimos, pero esto no disminuye nuestra responsabilidad. Si cuando nos presentamos ante Dios recordamos que otra persona tiene algo contra nosotros, debemos dejar nuestra ofrenda de oración, gratitud o buena voluntad, e ir al hermano con quien discrepamos y confesar humildemente nuestro pecado y pedir perdón. DMJ 53.3; MB.58.3.
PERJUICIO Y FRAUDE. Si hemos defraudado o perjudicado en algo a nuestro hermano, debemos repararlo. Si hemos dado falso testimonio sin saberlo, si hemos repetido equivocadamente sus palabras, si hemos afectado su influencia de cualquier manera que sea, debemos ir a las personas con quienes hemos hablado de él, y retractarnos de todos nuestros dichos perjudiciales. DMJ 53.4; MB.59.1
CONTAR LAS DIFICULTADES. Si las dificultades entre hermanos no se manifestaran a otros, sino que se resolvieran francamente entre ellos mismos, con espíritu de amor cristiano, ¡cuánto mal se evitaría! ¡Cuántas raíces de amargura que contaminan a muchos quedarían destruidas, y con cuánta fuerza y ternura se unirían los seguidores de Cristo en su amor! DMJ 53.5; MB.59.2.
MIRADAS Y PENSAMIENTOS MALOS. Fil 4:8: «Por último, hermanos, en todo lo que es verdadero, todo lo honroso, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna y si algo digno de alabanza, en esto pensad.» Cuando se aman y acarician malos pensamientos, por muy en secreto que sea, dijo Jesús, se demuestra que el mal reina todavía en el corazón. El alma sigue sumida en hiel de amargura y sometida a la iniquidad. El que halla placer espaciándose en escenas impuras, cultiva malos pensamientos y echa miradas sensuales, puede contemplar en el pecado visible, con su carga de vergüenza y aflicción desconsoladora, la verdadera naturaleza del mal que lleva oculto en su alma. 26. DMJ 54.2; MB.60.1
Una mirada, una palabra, aun una modulación de la voz, pueden rebosar mentiras. Hasta los hechos ciertos pueden presentarse de manera que produzcan una impresión falsa. “Lo que es más” que la verdad, “de mal procede”. DMJ 60.4
EVOLUCIÓN DEL PECADO. Stg 1:14-15: «pero cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia después que ha concebido, da a luz al pecado; y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.» El momento de tentación en que posiblemente se caiga en pecado gravoso no crea el mal que se manifiesta; sólo desarrolla o revela lo que estaba latente y oculto en el corazón. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”, ya que del corazón “mana la vida”.26. DMJ 54.2; MB.60.1
RESTAURAR LA IMÁGEN DE DIOS. “Si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti”. Para evitar que la enfermedad se extienda por el cuerpo y destruya la vida, el hombre permite que se le ampute hasta la mano derecha. Debería estar aún más dispuesto a renunciar a lo que pone en peligro la vida del alma. DMJ 54.3; MB.60.2. Las almas degradadas y esclavizadas por Satanás han de ser redimidas por el Evangelio para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
El propósito de Dios no es únicamente librarnos del sufrimiento que es consecuencia inevitable del pecado, sino salvarnos del pecado mismo. El alma corrompida y deformada debe ser limpiada y transformada para ser vestida con “la luz de Jehová nuestro Dios”. Debemos ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo”. “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. Sólo la eternidad podrá revelar el destino glorioso del hombre en quien se restaure la imagen de Dios. DMJ 55.1; MB.60.3
RENDIR LA VOLUNTAD. Mt 6:10: «Venga tu Reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] también en la tierra.» Para que podamos alcanzar este alto ideal, debe sacrificarse todo lo que le causa tropiezo al alma. Por medio de la voluntad, el pecado retiene su dominio sobre nosotros. La rendición de la voluntad se representa como la extracción del ojo o la amputación de la mano. DMJ. 56
Ro 3:9: «¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera! Porque ya hemos probado que tanto judíos como gentiles, todos están bajo pecado.» Gl 3:22: «Pero la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por medio de la fe en Jesucristo.»
Ro 3:9: «¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¡De ninguna manera! Porque ya hemos probado que tanto judíos como gentiles, todos están bajo pecado.» Gl 3:22: «Pero la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por medio de la fe en Jesucristo.»
Ro 2:12: «Así, todos los que pecaron sin la Ley, sin la Ley también perecerán, y todos los que pecaron bajo la Ley, por la Ley serán juzgados.» Ro 3:23: «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,» Ro 5:12: «Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron.»
ESTIMACIÓN BAJA DE LA LEY. La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo. Los que confían en su propia justicia no pueden entender cómo la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado. No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden el terror de la ley; porque no respetan la norma moral de Dios. La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la ley de Dios. En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter. Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egotismo, el orgullo y la justificación propia. La doctrina de la santificación que muchos propugnan está llena de engaño, porque es halagadora del corazón humano; pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la ley de Dios. La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta. FO 99.3; FW.96.3. (100-101)
AFIRMAR ESTAR SIN PECADO. 1Jn 1:8,10: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. … Pero si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su Palabra no está en nosotros.»Y la aserción de estar sin pecado constituye de por sí una prueba de que el que tal asevera dista mucho de ser santo. Es porque no tiene un verdadero concepto de lo que es la pureza y santidad infinita de Dios, ni de lo que deben ser los que han de armonizar con su carácter; es porque no tiene un verdadero concepto de la pureza y perfección supremas de Jesús ni de la maldad y el horror del pecado, por lo que el hombre puede creerse santo. DNC 317.5
PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS, MOTIVOS. [La ley de Dios] tiene que ver con todos nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Nos sigue, y penetra hasta llegar al motivo secreto que impulsa cada uno de nuestros actos. CV. 24 de Abril.
La ley de Jehová es sumamente amplia. Jesús […] declaró llanamente a sus discípulos que la santa ley de Dios podía ser violada por los sentimientos, los pensamientos y los deseos, tanto como por las obras y las palabras. El corazón que ama a Dios sobre todas las cosas, de ninguna manera se sentirá inclinado a despreciar sus preceptos hasta concederles un derecho mínimo, pero, el alma obediente y leal alegremente le rendirá una plena obediencia espiritual cuando la ley sea vista en su poder espiritual. Entonces, los mandamientos se posesionarán del alma con toda su verdadera fuerza. El pecado aparecerá sumamente pecaminoso […]. Ya no habrá más justicia propia, estima propia, honor propio. La seguridad propia habrá desaparecido. El resultado será una profunda convicción de pecado y aversión hacia sí mismo, y entonces el alma, comprendiendo el peligro que corre, se aferrará de la sangre del Cordero de Dios como su único remedio.—Nuestra Elavada Vocacion, 142 (1888). 1MCP 46.3; (47) 1MCP.32.4
EXCESIVO Y PECAMINOSO DEL PECADO. Ro 7:13: «Luego, lo que es bueno, ¿vino a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Sino que el pecado, para que fuera reconocido como pecado, por medio de lo que es bueno, me causó la muerte, para que por el Mandamiento se viera la malignidad del pecado.» Al mirarnos en el espejo divino, la ley de Dios, vemos el carácter excesivamente pecaminoso del pecado, y nuestra propia condición perdida como transgresores. Pero por el arrepentimiento y la fe somos justificados delante de Dios, y por la gracia divina capacitados para prestar obediencia a sus mandamientos. ECFP 79.3; SL.80.3
LO EXTERIOR Y EL CARÁCTER. Muchos están engañando sus propias almas actualmente. Restringen los mandamientos de Dios, y hacen que éstos condenen únicamente los actos exteriores, y no consideren como pecado deshonrar a Dios con los pensamientos y los afectos. Se halagan a sí mismos de estar guardando la ley de Jehová, mientras su vida y su carácter, como si estuvieran fotografiados en los libros del cielo, los revelan como tratando de ver cuán lejos pueden ir en dirección de la maldad sin ser tachados de transgresores de la ley de Dios. … NEV 142.3; OHC.140.3
EL MANTO DE LA JUSTICIA. Cristo fue obediente a todo requerimiento de la ley… Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él no ve el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y la deformidad del pecado, sino su propio manto de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 253, 254. MSV 232.4; Mar.225.2
OBSCURAS PASIONES. La ley discierne los pensamientos, motivos y propósitos. Las obscuras pasiones que yacen ocultas de la vista de los hombres, como el celo, el odio, la concupiscencia y la ambición, las malas acciones meditadas en las obscuras reconditeces del alma, aunque nunca se hayan realizado por falta de oportunidad: todo esto lo condena la ley de Dios. HAp 338.3; AA.423.3
LA LEY Y NUESTRA NATURALEZA. “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón” (Génesis 3:15). Esta enemistad no es natural. Cuando el hombre violó la ley divina, su naturaleza se corrompió, llegando a ser semejante a la de Satanás. Los ángeles caídos y los hombres perversos se unieron en un compañerismo desesperado. Si Dios no se hubiera interpuesto, Satanás y el hombre hubieran conformado una alianza contra el cielo, y toda la familia humana se habría unido en oposición a Dios. GE 14.1
Debemos dar a Dios todo el corazón, o no se realizará el cambio que se ha de efectuar en nosotros, por el cual hemos de ser transformados conforme a la semejanza divina. Por naturaleza estamos enemistados con Dios. El Espíritu Santo describe nuestra condición en palabras como éstas: “Muertos en las transgresiones y los pecados,”2 “la cabeza toda está ya enferma, el corazón todo desfallecido,” “no queda ya en él cosa sana.”3 Nos sujetan firmemente los lazos de Satanás, “por el cual” hemos “sido apresados, para hacer su voluntad.”4 Dios quiere sanarnos y libertarnos. Pero como esto exige una transformación completa y la renovación de toda nuestra naturaleza, debemos entregarnos a El completamente. CC 43.2; SC.43.2
SEPARADO DE DIOS. Is 59:2: «sino que vuestras iniquidades os han separado de vuestro Dios, y vuestros pecados han ocultado su rostro de vosotros para no escuchar.» Consideremos esta escalera que le fué presentada a Jacob. … El pecado de Adán suprimió toda relación entre el cielo y la tierra. Hasta el momento cuando el hombre transgredió la ley de Dios, había habido libre comunión entre la tierra y el cielo. Estaban comunicados por un sendero que la Deidad podía recorrer. Pero la transgresión de la ley de Dios interrumpió este sendero, y el hombre quedó separado de Dios. … NEV 68.2
No es la magnitud del acto de desobediencia lo que constituye el pecado, sino el desacuerdo con la voluntad expresa de Dios en el detalle más mínimo, porque demuestra que todavía hay comunión entre el alma y el pecado. El corazón está dividido en su servicio. Niega realmente a Dios, y se rebela contra las leyes de su gobierno. DMJ 48.3
LEYES FISICAS Y LA LEY DE DIOS. Es tan ciertamente un pecado violar las leyes de nuestro ser como lo es quebrantar las leyes de los Diez Mandamientos. Hacer cualquiera de ambas cosas es quebrantar los principios de Dios. Los que transgreden la ley de Dios en su organismo físico, tendrán la inclinación a violar la ley de Dios pronunciada desde el Sinaí. CRA 18.2
FALTA DE COMPRENSIÓN. Aun algunos ministros que defienden la ley de Dios tienen muy poco conocimiento de sí mismos. No meditan en los motivos de sus acciones ni los examinan. No ven sus errores y pecados, porque no consideran su vida, sus actos y su carácter, con sinceridad y seriedad, separadamente y en conjunto, ni los comparan con la sagrada y santa ley de Dios. No comprenden realmente los requerimientos de la ley de Dios, y diariamente viven en transgresión al espíritu de esa ley que profesan reverenciar. “Por medio de la ley -dice Pablo- es el conocimiento del pecado”. “Yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”. Romanos 3:20; 7:7. Algunos que trabajan en la Palabra y la doctrina no tienen una comprensión práctica de la ley de Dios y sus santos requerimientos, ni de la expiación de Cristo. Ellos mismos necesitan convertirse antes que puedan convertir a los pecadores. 2TPI 454.2
CASARSE SIN AMOR. El casamiento es algo que afectará vuestra vida en este mundo y en el venidero. Una persona que sea sinceramente cristiana no hará progresar sus planes en esa dirección sin saber si Dios aprueba su conducta. No querrá elegir por su cuenta, sino que reconocerá que a Dios incumbe decidir por ella. No hemos de complacernos a nosotros mismos, pues Cristo no buscó su propio agrado. No quisiera que se me interpretara en el sentido que una persona deba casarse con alguien a quien no ame. Esto sería un pecado. Pero no debe permitir que la fantasía y la naturaleza emotiva la conduzcan a la ruina. Dios requiere todo el corazón, los afectos supremos. CJE 39.2
SERENO Y DESAPASIONADO. Muchos de los que profesan ser cristianos se entusiasman por empresas mundanales, y se interesan por diversiones nuevas y excitantes, mientras que su corazón parece helado ante la causa de Dios. He aquí, pobre formalista, un tema que tiene suficiente importancia para excitarte. Entraña intereses eternos. Es un pecado permanecer sereno y desapasionado ante él. Las escenas del Calvario despiertan la más profunda emoción. Tendrás disculpa si manifiestas entusiasmo por este tema. Que Cristo, tan excelso e inocente, hubiese de sufrir una muerte tan dolorosa y soportar el peso de los pecados del mundo, es algo que nuestros pensamientos e imaginaciones no podrán nunca comprender plenamente. No podemos medir la longitud, anchura, altura y profundidad de un amor tan asombroso. La contemplación de las profundidades inconmensurables del amor del Salvador debieran llenar la mente, conmover y enternecer el alma, refinar y elevar los afectos, y transformar completamente todo el carácter. Gálatas 6:14. 1JT 229.2
ESTAR ENFERMO. Es un pecado estar enfermo, porque todas las enfermedades son resultado de la transgresión. Muchos sufren como consecuencia de la transgresión de sus padres. No se los puede censurar por el pecado de ellos; sin embargo tienen el deber de investigar en qué puntos sus padres violaron las leyes de su ser, con lo que impusieron a sus hijos una herencia tan miserable; y al descubrir los errores de aquéllos, se deben apartar de ese curso de acción y practicar hábitos correctos con el fin de promover una salud mejor. CSI 37.2
TRATO CON PACIENTES. Usted nunca será demasiado decoroso en sus palabras ni excesivamente recatado al examinar a sus pacientes. La rudeza o la falta de delicadeza en el cuarto de operaciones, o al lado del lecho del enfermo es un pecado a la vista de Dios; y en la mente de los pacientes, dirá mucho contra el médico. A menos que abrigue constantemente un sentido estricto de la conducta honorable, ofenderá torpemente a los pacientes sensibles, modestos y refinados. MM 194.3
EL OLVIDO. Se les pide que disciplinen su mente. Muchos sienten que no hay culpa alguna en ser olvidadizo. Éste es un gran error. El olvido es pecado. Conduce a muchos errores y a mucho desorden y equivocaciones. No deben olvidarse las cosas que necesitan hacerse. A la mente se le debe exigir; debe ser disciplinada hasta que recuerde. 3TPI 18.1
AMARSE ASI MISMO. El espíritu, los motivos y los métodos que seguían eran opuestos a los de él. Aunque aseveraban defender con minucioso celo el honor de la ley, lo que en verdad buscaban era la gloria personal y egoísta. Cristo quería enseñarles que la persona que se ama a sí misma quebranta la ley. DMJ 69.1
LA LEY DE DIOS Y LA LEY DOMINICAL. Vendrá el tiempo cuando la ley de Dios, en un sentido especial, será invalidada en este país [los Estados Unidos]. Los gobernantes de esta nación, mediante acuerdos legislativos, pondrán en vigencia la ley dominical, y entonces los hijos de Dios estarán en gran peligro. Cuando esta nación, mediante sus asambleas legislativas, promulgue leyes que opriman las conciencias de los hombres en lo que tiene que ver con sus privilegios religiosos, imponiendo la observancia del domingo y haciendo uso de un poder opresor en contra de los que guarden el séptimo día… la ley de Dios habrá sido invalidada en este país.—The Review and Herald, 18 de diciembre de 1888. MSV 184.4
NOS CONDUCE A CRISTO. Ro 10:4: «Porque la finalidad de la Ley es conducirnos a Cristo, para justificar a todo el que cree.» La convicción del pecado, implantada por la ley, impele al pecador hacia el Salvador. En su necesidad, el hombre puede presentar el poderoso argumento suministrado por la cruz del Calvario. 1MS 285.2; 1SM.240.4 Gl 3:24: «Así, la Ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe.» Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. 1MS. 251.
ECUACIÓN ESPIRITUAL DE LA LEY DE DIOS, PODEMOS AFIRMAR Y RESUMIR EL CAMINO DEL PECADOR, DESDE EL SINAÍ AL CALVARIO. 10 = 2 = 1 = 0 = CRISTO = DIOS = AMOR. Ex. 34.28; Mat. 22.37-40; Rom. 13.8,10; Gál. 5.22, 23, Rom.10.4; Ro 9:5; 1Jn.4.8.
ES UN CERCO. Job 1:10: ¿No lo cercaste a él y a su familia y a todo lo que tiene?» Has bendecido el trabajo de sus manos, y por eso su hacienda ha crecido sobre la tierra. La felicidad de los seres humanos siempre debe estar protegida por la ley de Dios. Sólo en la obediencia pueden encontrar verdadera felicidad. La ley es el cerco que Dios colocó alrededor de su viña. Por ella, los que la obedezcan están protegidos del mal. SSJ. 48.2
ES UN ESPEJO. Stg 1:22-25: Pero sed cumplidores de la Palabra, y no sólo oidores, engañándoos a vosotros mismos. Si alguno oye la Palabra, y no la cumple, es semejante al hombre que mira en un espejo su rostro natural. Se considera a sí mismo, se va, y pronto olvida cómo era. Pero el que mira atentamente en la Ley perfecta -la de la libertad- y persevera en ella, y no es oyente olvidadizo, sino cumplidor, éste será feliz en lo que hace.
Los que han sido llevados del error y las tinieblas a la verdad y la luz, tienen que experimentar grandes cambios, y a menos que la necesidad de una reforma cabal se grabe en la conciencia, serán como el hombre que se miró en el espejo, la ley de Dios, y descubrió los defectos de su carácter moral, pero luego se fué y olvidó qué clase de hombre era. La mente debe conservar un vivo sentido de la responsabilidad, o recaerá en un estado de negligencia más completa que antes de que se la despertara. 1JT 530.3; 1TT.528.3
Miren en el espejo de la ley de Dios los que se sienten inclinados a hacer una elevada profesión de santidad. Cuando vean la amplitud de sus exigencias y comprendan cómo ella discierne los pensamientos e intentos del corazón, no se jactarán de su impecabilidad. “Si dijéremos—dice Juan, sin separarse de sus hermanos—que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros. { HAp 449.2; AA.562.2. (450)
UN MURO. Al obedecer la ley de Dios, el hombre queda rodeado de un muro que lo protege del mal. Quien derriba en un punto esta muralla edificada por Dios destruye la fuerza de ella para protegerlo, porque abre un camino por donde puede entrar el enemigo para destruir y arruinar. DMJ 48.5; MB.52.1. 49
DA A CONOCER EL PECADO. Ro 3:20: «Porque por las obras de la Ley ninguno será justificado ante él; porque por la Ley se alcanza el conocimiento del pecado.»
En la vida del Salvador quedaron perfectamente ejemplificados los principios de la ley de Dios: amor a Dios y al hombre. La benevolencia y el amor desinteresado fueron la vida de su alma. Mientras lo contemplemos, a medida que nos inunde la luz de nuestro Salvador, será cuando veremos la pecaminosidad de nuestro corazón. CC 26.3
CONDENA AL INCRÉDULO. Ro 8:1: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús; [los que no andan según la carne, sino según el Espíritu;» Jn 3:18: «El que cree en él, no es condenado. Pero el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el Nombre del único Hijo de Dios.»
INSTRUMENTO DE JUICIO. Ec 12:14: «Porque Dios traerá toda obra a juicio, incluyendo toda cosa oculta, buena o mala.» Stg 2:12-13: «Así hablad y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la Ley de la libertad. Porque juicio sin misericordia se hará con el que no hace misericordia. Porque la misericordia triunfa sobre el juicio.»
ES UNA MEDIDA. La norma de carácter presentada en el Antiguo Testamento es la misma que se presenta en el Nuevo Testamento. No es una medida o norma que no podamos alcanzar. Cada mandato o precepto que Dios da tiene como base la promesa más positiva. Dios ha provisto los elementos para que podamos llegar a ser semejantes a él, y lo realizará en favor de todos aquellos que no interpongan una voluntad perversa y frustren así su gracia. DMJ 66.2
La norma para medir el carácter es la ley real. La ley es la que descubre el pecado. Por la ley es el conocimiento del pecado; pero el pecador es constantemente atraído a Jesús por la maravillosa manifestación de su amor, pues él se humilló a sí mismo para padecer una muerte vergonzosa sobre la cruz. ¡Qué estudio es éste! Los ángeles han luchado y anhelado fervientemente entender este maravilloso misterio. 3MS 191.1
INSTRUMENTO DE SANTIFICACIÓN. La obediencia a la ley de Dios es santificación. Hay muchos que tienen ideas erróneas respecto a esta obra en el alma,… “Tu palabra es verdad”. Juan 17:17. La santificación no es una obra instantánea sino progresiva, así como la obediencia es continua…pero mediante la obediencia, la verdad santificará el alma. FO 87.2 Muchos han tomado la posición de que no pueden pecar porque están santificados, pero ésta es una trampa engañosa del maligno. Hay un constante peligro de caer en pecado, porque Cristo nos ha amonestado a velar y orar para que no caigamos en tentación. Si somos conscientes de la debilidad del yo, no nos confiaremos en nosotros mismos ni seremos indiferentes al peligro, sino que sentiremos la necesidad de acudir a la Fuente de nuestra fortaleza: Jesús, nuestra justicia. F.O. 87.3
JESÚS CUMPLIÓ LA LEY, LLENÓ LA MEDIDA. Al hablar de la ley, dijo Jesús: “No he venido para abrogar, sino para cumplir”. Aquí usó la palabra “cumplir” en el mismo sentido que cuando declaró a Juan el Bautista su propósito de “cumplir toda justicia”, es decir, llenar la medida de lo requerido por la ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de Dios. DMJ. 46.2
Jn 15:10: «»Si guardáis mis Mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los Mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.» Jn 10:33: «Respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por buena obra, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios». Sal 8:5: «Lo hiciste un poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.» Heb 2:9: «Pero a Jesús, que por un momento fue hecho un poco menor que los ángeles, lo vemos coronado de gloria y de honra, por haber padecido la muerte, para que por la gracia de Dios experimentase la muerte en beneficio de todos.»
Adán se hallaba en la perfección de su virilidad, y era la más noble obra del Creador. Estaba creado a la imagen de Dios, pero era un poco menor que los ángeles. 1MS 314.1; 1SM.268.1
Cristo leyó sus pensamientos. Y dichos pensamientos eran que él no le daba a la ley la relevancia que ellos le habían dado. Èl leyó sus pensamientos y les dijo: «No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir […]. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos» (Mat. 5: 17, 19). Y lo hace aún más claro: «Por tanto, os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (vers. 20). Ahora bien, ellos habían acumulado requisitos sobre la misma ley y en torno a ella. Asimismo, la habían cargado con sus propias estipulaciones e ideas emanadas de sus mentes finitas, hasta el punto de que nadie podía guardar dicha ley, ni siquiera la letra de la ley según ellos la interpretaban. Era imposible hacerlo. SE1 102.1
Cristo continúa hablando y les menciona los principios de la ley, señalando que ella alcanza las partes más recónditas del ser. Así revela los propósitos de la ley de Dios. SE1 102.2
CRISTO OFRECE SU JUSTICIA. Aunque la ley es santa, los judíos no podían alcanzar la justicia por sus propios esfuerzos para guardarla. Los discípulos de Cristo debían buscar una justicia diferente de la justicia de los fariseos, si querían entrar en el reino de los cielos. Dios les ofreció, en su Hijo, la justicia perfecta de la ley. Si querían abrir sus corazones para recibir plenamente a Cristo, entonces la vida misma de Dios, su amor, moraría en ellos, transformándolos a su semejanza; así, por el don generoso de Dios, poseerían la justicia exigida por la ley. Pero los fariseos rechazaron a Cristo; “ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia”, no querían someterse a la justicia de Dios. DMJ 50.3; MB.54.2
1Jn 5:3: «Pues éste es el amor a Dios: que obedezcamos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son difíciles de cumplir.»
El unigénito Hijo de Dios vino a nuestro mundo como hombre, para mostrar al mundo que los hombres pueden guardar la ley de Dios. Satanás, el ángel caído, había declarado que ningún hombre podría guardar la ley de Dios después de la desobediencia de Adán.—Manuscript Releases 6:334. VAAn 160.4. Satanás sostenía que era imposible que los seres humanos pudieran guardar la ley de Dios. A fin de probar la falsedad de esta denuncia, Cristo dejó su elevado imperio, tomó sobre sí la naturaleza del hombre y vino a la tierra para colocarse a la cabeza de la raza caída, a fin de mostrar que la humanidad podía soportar las tentaciones de Satanás.—Alza tus Ojos, 170. VAAn 160.5
Si la iglesia hubiese permanecido pura y firme, no habría podido Satanás engañarla ni inducirla a que pisotease la ley de Dios. En ese plan descarado Satanás ataca directamente el fundamento del gobierno de Dios en el cielo y en la tierra. Por su rebelión fué expulsado del cielo, y después quiso salvarse pretendiendo que Dios alterase su ley; pero ante la hueste del cielo se le manifestó que la ley de Dios era inalterable. Satanás sabe que induciendo a otros a quebrantar la ley de Dios los gana para su causa, porque todo transgresor de la ley debe morir. PE 215.2
Si bien debemos estar en armonía con la ley de Dios, no somos salvados por las obras de la ley; sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia. La ley es la norma por la cual se mide el carácter. Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo. Sólo Jesús puede limpiarnos de todo pecado. El no nos salva mediante la ley, pero tampoco nos salvará en desobediencia a la ley. FO 98.3
CUMPLIR LA LEY. A los que afirmaban que él había venido para anular la ley, les dijo: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir”. Mateo 5:17. UE 64.9. Cumplir significa guardar o realizar. Santiago 2:8. Por eso cuando Cristo fue para que Juan el Bautista lo bautizara, le dijo: “Así conviene que cumplamos toda justicia”. Mateo 3:15. Cumplir la ley es obedecerla perfectamente. UE 65. (La Única Esperanza)
1. Por qué Adán después de su pecado no pudo guardar la ley de Dios para ser salvo e igualmente todo descendiente suyo a través de todos los tiempos.
2. Jesús fue hecho un poco menor que los ángeles, igualmente que Adán, ¿Cómo podría tener naturaleza caída y pecaminosa como la nuestra?
3.Si Jesús es el Salvador de la humanidad, que se encontraba esclavizada por el pecado, desde su misma naturaleza, hasta sus acciones u obras. Y todo ser humano es pecador y perdido, muerto en sus delitos y pecados. Qué naturaleza debía poseer Jesús para ser sustituto y encontrarse a nivel de la ley de Dios, cuya naturaleza es el reflejo del carácter de Dios.
4. Si el “pecado no mora en el creyente” (la naturaleza pecaminosa y caída, o el viejo hombre, o la carne) ¿En que debe consistir la lucha o batalla de la fe)
5. ¿Si la ley de Dios juzga y condena al ser humano, porque debemos separar su naturaleza de sus pensamientos, sentimientos, motivos y acciones?
6. ¿Por qué las buenas obras que el Espíritu Santo realiza en el creyente justificado no lo pueden salvar?
7. Según el estudio un mal pensamiento ya es pecado, pero si se acaricia o se retiene entonces se traducirá en un pecado manifiesto, pero no somos condenados o no nos perderemos si llegamos a solamente pensar el mal o algo pecaminoso, o aun si llega a ser manifiesto, por si confesamos el es fiel y justo para perdonarnos de toda maldad, sin embargo si permitimos frecuentes fracasos o caídas en pecado será mas difícil abandonarlos o resistirlos.
LA LEY DE DIOS JUZGA AL SER HUMANO EN FORMA INTEGRAL, NO DEBEMOS DESMONTARLO. Isa.1.6; 64.6; Jer. 17.9; Job 15.14-16; 25.4-6: Rom.3.10-12; 3.23.
